Me despierta una luz brutal en mis ojos y una mano zarandeándome a altísimas horas de la madrugada entre los barrotes de mi celda, con los ojos pegados por las legañas consigo llegar hasta el comedor donde trago sin saborearlo un desayuno contundente
Me ayudan a embutirme en un informe traje demasiado grande para mi y me colocan unos enormes artefactos en los pies que los vuelven inútiles para cualquier cosa que no sea pisarse uno a otro
Tras un largo desplazamiento llego al centro de concentración donde otros siete compañeros me aguardan, vestidos y calzados tan lamentablemente como yo e igual de somnolientos y malhumorados a las órdenes de un adiestrador profesional.
El día se desarrolla como de costumbre entre ejercicios de escalada, derrape, caída, lucha libre, y tácticas de supervivencia, hoy he tenido suerte, sólo unos cuantos moretones y un mordisco.
En cualquier caso la dureza física del entrenamiento sólo es el menor de mis problemas, lo realmente difícil es la lucha por desenvolverme en un idioma que no puedo hablar ni leer, tan sólo he llegado a aprender lo básico para sobrevivir, no se cuánto tiempo resistiré sin poder comunicarme con nadie antes de perder la poca cordura que me queda.
Cuando llega la hora de la comida estoy tan agotado que, tras una mirada a la bazofia que pretenden hacer pasar por alimento decido que prefiero esconderme para dormir un poco, lamentablemente el adiestrador se da cuenta enseguida y me saca de mi plácido mundo obligándome a reincorporarme a la rutina, esta vez en el exterior
Luchando contra las inclemencias climatológicas logro escapar de su atención con una táctica de milicias y la complicidad de un compañero que lo distrae destruyendo el avituallamiento.
Me lanzo a la carrera campo a través, el corazón me late desesperado, llego al extremo de mis fuerzas físicas, ¿lo lograré esta vez?
Al volver la última esquina un instructor desconocido me intercepta y me devuelve al grupo donde soy gravemente amonestado y castigado con la privación de libertad, en lo que queda de tarde debo resistir atado en mi cubículo, hoy no podré volver a intentarlo.
Cuando parece que el día ya no puede empeorar recuerdo que todavía quedan las prácticas de supervivencia en medio acuático, sin ninguna protección, desnudo y vulnerable, soy arrojado al tanque de agua casi hirviente donde resbalo, me ahogo, soy engullido por la espuma y atacado con chorros a presión, cuando la tortura finaliza el agua está casi congelada, aterrorizado, hambriento, física y psicológicamente agotado no puedo evitar que unas lágrimas traidoras delaten mi vulnerabilidad.
Y mañana, se que todo volverá a empezar, aunque un rayo de esperanza cruza por mi mente justo unos segundos antes de caer agotado, mañana hace 25 meses que estoy aquí, 25 es un número redondo, perfecto, tiene que significar algo.
Si, mañana cumplo 25 meses, dos añitos y un mes que dice la adiestradora mientras me da un beso y mi muñeco. Tengo que recordar que se llama mamá.